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Rubirosa: Final y comienzo de una Leyenda (parte 8 conclusión)

La caída del “playboy dorado”: Rubirosa, Zsa Zsa, Danielle y el día en que su suerte de tigre se quedó vacía El sueño de Rubirosa..

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Rubirosa La leyenda

La caída del “playboy dorado”: Rubirosa, Zsa Zsa, Danielle y el día en que su suerte de tigre se quedó vacía

El sueño de Rubirosa de ser actor de Hollywood murió.
Tuvo el mismo problema de muchos dominicanos que quieren trabajar en Estados Unidos:
le rechazaron la visa.

Pero en el caso de él no fue un problema burocrático común.
Fue un grupo de vigilancia moral el que no quería ver a una persona “moralmente dudosa” como Rubirosa en el cine.
Y casi casi también se muere la carrera de Zsa Zsa Gabor, su musa de Hollywood.


Zsa Zsa, Barbara y el “error de Rubirosa” con las actrices

La relación de Rubirosa y Zsa Zsa Gabor duró casi tres años, incluyendo el tiempo de su matrimonio con Barbara Hutton.

En ese periodo, la carrera de Zsa Zsa se vio afectada:
los chismes, las infidelidades, los divorcios, estar asociada con un playboy internacional no fue bueno para su imagen.
Comenzaron a llegarle menos ofertas de películas.
Hacer una película con Rubirosa habría sido, para la industria de la época, la muerte total de su carrera.

Además, Rubirosa no paraba de pedirle matrimonio y ella seguía rechazándolo,
aunque se dice que se comprometieron por un tiempo.
No era tanto por el dinero ya: para entonces Rubirosa era suficientemente rico para una Gabor.
El conflicto fue por la carrera de Zsa Zsa.

Rubirosa repetía el mismo error que había cometido con Barbara Hutton y con Danielle de Arias:
esperaba que su mujer le siguiera a su vida de parrandero y abandonara su propia carrera.
Y como Danielle, Zsa Zsa rechazó hacerlo.

Rubirosa comenzó a viajar solo.
Zsa Zsa se quedó en Los Ángeles.
Incluso hizo una película con su ex esposo.
Y se repitió la historia:
ambos comenzaron a mirar en otra dirección.

Para 1956, Zsa Zsa se comprometió con el magnate Howard Hughes, más viejo que ella y, obviamente, millonario.
Mientras, Rubirosa se lanzó a la vida como nunca:
soltero, millonario, 47 años, y famoso.
Cuando unos reporteros le preguntaron si iba a buscarse otra mujer rica, dijo que no:
—Mi próxima esposa será una chica pobre.

Después de Barbara y Zsa Zsa, hubo otras mujeres, pero nada serio.
Lo vieron junto a Ava GardnerWillie MaysMarilyn Monroe, y otras estrellas,
aunque el simple hecho de que los vieran juntos no siempre significaba una relación.
Pero eso no paró a la prensa de especular y seguirle de lado a lado.

Llegó al punto de que Rubirosa se molestó porque la prensa prefería hablar de cosas negativas sobre él.
Le preguntaban, incluso, de la muerte de Ben Cosme Galíndez,
hombres lo nombraban como responsable en divorcios aunque él no tuviera la culpa,
y esposas pretendían haber tenido una relación con él para poder divorciarse.

La publicidad falsa llegó a tal grado que Trujillo lo tuvo que despedir, aunque Rubirosa insistiera en que era inocente.
Rubirosa se volvió un meme de la época:
—Ahí va ese Rubirosa otra vez, enamorando a todo lo que tenga falda.
—Niñas, no se sonríen: las mancha, pero se lleva todo su dinero.

El meme le siguió a París, cuando conoció a su “chica pobre”.


Danielle de Arias, “la chica pobre” y la vida de Rubirosa

Rubirosa vio a Danielle de Arias primero en la cubierta de la revista Paris‑Match*
y luego en una película junto a Odile.
Pero fue en una partida de polo donde realmente se conocieron.

Ella ya había escuchado mucho sobre él.
—Me han hablado mucho de usted, señor Rubirosa —le dijo,
y cuando él le besó la mano, ella le respondió:
—Eso no fue nada bueno.

Danielle fue una mezcla de todas las mujeres que Rubirosa había amado:
la belleza de Barbara, el humor y el estilo de Zsa Zsa, la personalidad de otras amantes.
Pero, a diferencia de ellas, no tenía dinero.
Era relativamente pobre, y ella misma decía que al principio no estaba impresionada con él,
aunque lo veía elegante y encantador.

Como casi siempre, Rubirosa enamoraba a las mujeres a primera vista,
pero en muchos casos tuvo que dar muela hasta que, con el tiempo, las mujeres se quedaban prendadas de su personalidad y su atención sincera.
La madre de Danielle, igual que la madre de otras mujeres, no estaba impresionada con Rubirosa,
quien le llevaba unos 28 años:
él tenía 47, ella 19.

Pero, como con Barbara y Danielle y otras, Danielle no se dejó decir nada de sus padres.
Se enamoró de un hombre que fácilmente podría ser su padre:
de su estilo, de su vida, de su dinero, de sus contactos,
y de que, esta vez, ella sí estaba dispuesta a abandonar su carrera de actriz y seguirlo.
Quizás pensó que, por medio de él, llegaría más rápido al mundo de la fama.
Y tenía razón.


La llamada a Zsa Zsa cuando Rubirosa se casó

El teléfono sonó en la mansión de Zsa Zsa.
Era Rubirosa.
Le dijo que estaba por casarse.
Una pausa larga.
Rubirosa esperaba quién sabe qué respuesta.

Al final, Zsa Zsa le respondió que estaba feliz por él.
Pero mientras colgaba el teléfono, tenía lágrimas en los ojos.

Su sobrina, Francesca, lo vio todo y le preguntó:
—¿Por qué Rubirosa nos dejó si él había dicho que, sobre todas, las amaba a nosotras?


El matrimonio con Danielle y el fin de la fama de Rubirosa

En cierto sentido, el matrimonio de Rubirosa con Danielle fue el comienzo del fin de su fama en la farándula
y el comienzo de la fama de Ramfis Trujillo.

Rubirosa llegó a ser el hermano mayor y el modelo a seguir de Ramfis,
algo que no le cayó bien a Trujillo.
Fue de Rubirosa que Ramfis aprendió a jugar polo, a parrandear y a hacer “playball”.

A diferencia de Rubirosa, Ramfis sí tenía acceso directo al dinero de Trujillo,
pero fue Rubirosa quien le enseñó a gastarlo y a usarlo para impresionar.
Además, Rubirosa le dio el acceso a Hollywood:
Ramfis se codeó con actrices, playas de Miami, cruceros de lujo,
y llegó a ser amigo de muchas de las amigas de Rubirosa.

Las aventuras de Ramfis en Hollywood, a bordo del yate Angelita*,
junto a actrices como Kim Novak y Lita Milan,
son una historia aparte.
Ramfis se volvió, en muchos aspectos, una copia de Rubirosa,
pero más como una versión barata y limitada:
la misma actitud de playboy, pero con más dinero y menos originalidad.
Rubirosa estaba a su lado en muchas de sus aventuras, compartiendo locuras.

Pero, como hombre casado, Rubirosa se retiró un poco del rol de playboy.
Sólo un poco.
Danielle lo controlaba más y lo obligó a tomar las cosas más suaves,
en especial las carreras de autos,
después de lo que pasó en La Habana.


La Habana, Fórmula 1 y el temor de Danielle

El Gran Premio de Fórmula 1 de La Habana estaba por ser un evento épico.
El famosísimo automovilista argentino Juan Manuel Fangio estaba invitado.
Hasta Fulgencio Batista llegó a saludarlo.
Pero Fangio fue secuestrado por unos guerrilleros al mando de Fidel Castro.

La carrera siguió sin Fangio,
pero el desastre fue más grande:
uno de los pilotos perdió el control y chocó contra la multitud,
matando a seis personas.

Danielle, presa del miedo, le prohibió a Rubirosa participar en carreras.
Tenía miedo de que él tuviera un accidente y se muriera.

Fangio fue liberado más tarde.
El nombre de Fidel Castro comenzaría a ser temido incluso por Trujillo,
quien decidió tener a alguien de confianza en La Habana.
Como no tenía a nadie más, mandó a Rubirosa.


Rubirosa como agente de Trujillo en Cuba

Rubirosa vino a La Habana como agente de Trujillo.
No hay dudas:
si antes había sido solo un mujeriego diplomático,
ahora era, por encargo de Trujillo, un agente de misterio y peligro.

Su misión era:

  • buscar comunicación con la guerrilla,
  • negociar con Batista,
  • cuidar los intereses dominicanos y cubanos de Trujillo,
    y, por supuesto, sus propios negocios.

La Habana era, en esa época,
como París durante la guerra:
una fiesta constante,
pero bajo la amenaza latente de guerra.

La fiesta llegó a su conclusión cuando, igual que en París, tropas enemigas entraron en la ciudad.
Rubirosa y Danielle tuvieron que esconderse en la embajada estadounidense durante varios días,
mientras a su alrededor la Revolución Cubana tumbaba a Batista,
que se escapó hacia la Ciudad de México.

Rubirosa y Danielle lograron escabullirse de La Habana en secreto,
porque los comunistas los estaban buscando,
supuestamente porque Rubirosa había ayudado a anticastristas.
Y por si fuera poco, Trujillo ya había creado una enemistad directa con Castro al apoyar a Batista,
así que ser el representante de Trujillo durante la Revolución Cubana no fue la mejor idea del mundo.

Al dejar la isla atrás, Trujillo los mandó a Bélgica.
Pero la historia se repitió de nuevo.


La explosión del barco y la sospecha contra Rubirosa

Una nave francesa, La Coubre*, proveniente de Bélgica,
estaba descargando una carga de 76 toneladas de municiones
cuando explotó dos veces.
Más de 100 personas murieron.
Los culpables del atentado nunca fueron descubiertos.

El gobierno cubano fusiló a un supuesto agente de la CIA.
La teoría más aceptada es que unos agentes lograron plantar una bomba cuando el barco estaba en Bélgica,
la cual se activó durante la descarga.

Los investigadores descubrieron evidencia de dos posibles sospechosos:
la CIA o el segundo enemigo de CubaTrujillo.
Nombraron al embajador dominicano en BélgicaPorfirio Rubirosa,
como posible involucrado.

—¿Fue la CIA que plantó la bomba?
—¿Fue Trujillo?

Sesenta años después, el caso sigue sin resolver.

De todos modos, la tensión entre Castro y Trujillo persistió.
Trujillo apoyaba a anticastristas,
se sabe que Rubirosa estuvo involucrado en la compra de armas durante la conspiración trujillista contra Cuba.

Pero, en la vida de Rubirosa, algo cambió.
Conocía a su lado, Danielle
había encontrado una mujer a su talla.
Decidió serle fiel…
bueno, de vez en cuando.
Danielle, por su lado, también era fiel de vez en cuando.

Tenían una relación inusual, basada en tolerancia:
ella toleraba sus visitas a prostíbulos y sus conquistas ocasionales,
mientras que él toleraba los amantes de ella.

El tigre había conocido a una tigresa,
y esta vez, ella le estaba ganando el juego.
Rubirosa llegaba a decir que Danielle fue la única mujer que nunca pudo controlar,
y se quejaba de ella con sus amigos,
entre ellos los hermanos Cassini.


Oleg e Igor Cassini, la amistad de Rubirosa con la jet‑set

Poco se puede hablar de Rubirosa sin mencionar a los hermanos Cassini.

Oleg Cassini era un diseñador de modas muy famoso.
Fue él quien creó el famoso estilo de Jacqueline Kennedy Onassis.
Dijo que Rubirosa fue su inspiración cuando decidió crear diseños de moda para hombres.

Igor Cassini era un columnista influyente del jet‑set.
Fue él quien inventó el término “jet‑set”.
Fue amigo de Rubirosa desde sus tiempos de parrandero.
Y fue el periodista que más habló de Rubirosa.

Lenguas malas dicen que Rubirosa le pagó a Igor por el “favor” de promocionarlo,
y que Igor, a su vez, le abrió las puertas a Rubirosa hacia Trujillo
y hacia la compañía de relaciones públicas de Igor,
que fue empleada por Trujillo para limpiar su imagen después del caso de Galíndez.

Igor le pagó a Rubirosa por el favor.
Oleg y Igor le abrieron a Rubirosa un mundo socio‑político antes inalcanzable.

Rubirosa empezó entonces a trabajar en una nueva conquista.
Así como había usado sus encantos para acercarse a Zsa Zsa y Barbara,
ahora enfocó su conquista más grande:
el Presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy.


La amistad de Rubirosa con Kennedy y Sinatra

La amistad de Porfirio Rubirosa con John F. Kennedy y el cantante Frank Sinatra está documentada, pero olvidada.
Algunos historiadores creen que es por propósito:
para no ensuciar la imagen de Kennedy.

Rubirosa y Danielle fueron invitados varias veces a la casa de los Kennedy en Hyannis Port.
Rubirosa y Sinatra se llevaron muy bien.
Los tres eran, en cierto modo, griegos del mundo de la noche y la política.

Kennedy es recordado como uno de los presidentes más populares y queridos,
pero también como uno de los más mujeriegos.
Por eso, no solamente Rubirosa tenía una amistad con Kennedy;
Danielle también aparece entre las amantes de Kennedy.

Y, según cuentan, a Rubirosa no le molestaba eso.

Políticamente, Rubirosa llegó a ser finalmente el hombre más cercano de Trujillo frente a la Casa Blanca.
Convenció a Trujillo de que un amigo en la Casa Blanca era más útil que décadas de odio.

Aunque Rubirosa nunca logró que Kennedy y Trujillo hablaran en persona,
sí pensó que su amistad con el presidente podría persuadir a Trujillo a ser más liberal.
Pero la realidad es que esos movimientos políticos no cambiaron nada.


La muerte de Trujillo y la traición de Ramfis

Un día, el teléfono sonó en París.
Ramfis Trujillo contestó.
Era su madre, Doña María,
quien le dijo que él y sus hermanos debían regresar de inmediato a Ciudad Trujillo.

Ramfis convocó a Ra‌damés (o “Rafael”) y a Rubirosa.
Alquilaron un avión de Air France.
Ramfis y Radamés se armaron con sus pistolas.
Rubirosa subió al avión todavía en su ropa de polo y con el olor de caballo en su cuerpo.

Durante el vuelo, recibieron confirmación:
Rafael Leónidas Trujillo había sido asesinado.

Al aterrizar, los esperaba un contingente de soldados y tanques.
Ramfis bajó primero, con la mano en su arma.
Pero la recepción fue cálida:
eran soldados fieles que esperaban a su general.

El funeral de Trujillo fue masivo y pomposo.
Aunque había sido un hombre odiado,
también había gente que dolida veía morir a su “protector”.

El General Ramfis Trujillo contaba con el respaldo de las Fuerzas Armadas
y, de inmediato, intentó posicionarse en el puesto de su padre.
El problema fue que Joaquín Balaguer era el presidente constitucional.
El país parecía tener dos líderes:
uno político y otro militar.

Ramfis y Balaguer intentaron establecer un balance
y así ganar la confianza de los Estados Unidos.
Despacharon, oficialmente, a Rubirosa para hablar con su amigo John Kennedy.

Los intereses de Rubirosa eran más financieros que patrióticos:
sin Trujillo al mando, él no era nada.
Trujillo le había dado el pasaporte diplomático, el dinero, el poder.
Rubirosa quería asegurarse de que el gobierno de Ramfis o Balaguer fuera reconocido por Estados Unidos,
para poder salvar su fortuna.

Rubirosa y Danielle fueron invitados a fiestas y cruceros con la familia Kennedy
y con otros famosos, incluyendo Frank Sinatra.

Sinatra era el más exitoso cantante y actor de la época,
un playboy rico, con amigos en la esfera más alta —como Kennedy—
y en la esfera más baja —la mafia.

Rubirosa lo había conocido por medio de Cassini,
y los dos se hicieron amigos cercanos durante varios años.

Pero fue precisamente esta amistad con Sinatra la que rompió la relación de Sinatra con los Kennedy,
y la de Rubirosa con ellos.

Robert Kennedy, el hermano de John,
era muy celoso de proteger la reputación de su hermano
y de sus amigos.
Por un lado, un mujeriego con conexiones con la mafia (Sinatra);
por otro, un conocido playboy de un país donde el hijo de un dictador masacraba a los asesinos de su padre (Rubirosa).

John F. Kennedy rompió su amistad con Sinatra y con Rubirosa.

En un último esfuerzo, Rubirosa le hizo llegar un mensaje al presidente,
diciendo que hablaría personalmente con Ramfis para calmarlo.
Pero Rubirosa regresó a Ciudad Trujillo justo a tiempo para ver cómo Ramfis escapaba del país.


El exilio de Ramfis y la traición a Rubirosa

Ramfis, en una entrevista de televisión,
habló como un líder benévolo, preocupado “sólo por su país”.
Pero muchos creen que nunca tuvo la intención ni la autoconfianza para ser verdaderamente presidente.

No esperó ni confió en que Rubirosa pudiera asegurar su gobierno.
Trató de hacer lo que pudo,
pero terminó en desacuerdo con sus propios tíos,
que querían mantener el poder al estilo de Rafael Trujillo.

Junto a todo el dinero que halló,
torturó y mató a los involucrados en el asesinato de su padre
y transfirió el dinero fuera del país.
Exhumó el cuerpo de su padre,
y lo subió todo a la yacht Angelita*,
que despachó a España.
Él y su familia huyeron antes del país.

Ramfis había traicionado a Rubirosa.
Los dos nunca más se hablaron.

Rubios quedó atrás,
convertido en el mentiroso frente a la Casa Blanca.
Perdió parte de su dinero,
y más aún la confianza de quienes alguna vez lo vieron como un “puente” entre Trujillo y el mundo.

Sin un Trujillo al mando,
el gobierno provisional se puso a cambiar todo lo que Trujillo había hecho.
Lo primero que hicieron fue cancelar la residencia diplomática de Rubirosa
y su pasaporte diplomático.


La caída financiera de Rubirosa y la cárcel de Nueva York

Solo 24 horas después de que le cancelaran la inmunidad diplomática,
Rubirosa fue convocado al Fiscal del Distrito de Nueva York.
Lo entrevistaron por varias horas
sobre la muerte de Ben Cosme Galíndez
y otros enemigos de Trujillo.

Rubirosa respondió de manera evasiva pero firme:
—No sé de nada.
—No estaba involucrado.

El fiscal se rindió.
Al salir de la fiscalía, Rubirosa sonrió contento ante las cámaras.

Un reportero más fresco que el fiscal
le preguntó directamente:
—Rubirosa, ¿jamás has matado a alguien?
Rubirosa se rió.
Dicen que fue una risa forzada.

El FBI siguió manteniéndolo bajo observación por el resto de su vida,
aunque nunca pudieron probar nada.


La vida tranquila y la melancolía de Rubirosa

En los años siguientes, Rubirosa se retiró.
Estaba estable financieramente, aunque no seguro.

Danielle lo ayudó a organizarse.
Poco a poco vendieron los regalos de Barbara y de Danielle misma,
el avión que ya le habían devuelto,
todo el arte que tenían en la mansión,
y luego vendieron la mansión misma.

Se mudaron a una bella casa de campo en las afueras de París.
Le quedaron unos millones de Barbara y de sus negocios,
y probablemente también la flota de pesca en África,
pero, como siempre, Rubirosa seguía gastando.

Algunos amigos decían que después de los 50 se puso melancólico.
Hombres más jóvenes comenzaron a reemplazarlo en la jet‑set.
Rubirosa lo sabía.

Todavía festejaba como los jóvenes,
jugaba polo como muchos jóvenes,
boxeaba, bailaba y tomaba como un joven.
Pero algo se había roto dentro.

Las ganas de ser playboy se le habían ido.
Las ganas de ser mujeriego se le habían acabado.
Tenía 56 años, más viejo de lo que su padre llegó a vivir.
Había logrado más de lo que su padre logró,
aunque no para su país.


La muerte de Rubirosa en París

Una noche, después de que su equipo de polo ganó de nuevo en Pampa,
hubo una gran fiesta.
Danielle desapareció con un jugador brasileño.

Frustrado, Rubirosa invitó a Oleg Cassini a unos tragos.
Luego Oleg tuvo que irse.
Rubirosa fue a casa a ver si Danielle estaba.
La empleada le dijo que la señora no estaba.

Rubirosa siguió festejando con un grupo de jugadores de polo.
Festejaron hasta la mañana.
A sus 56 años, todavía tenía la energía para este tipo de cosas.

En la mañana, llamó otra vez a casa.
Nada.

Rubirosa decidió regresar a su casa.
Eran alrededor de las 8 de la mañana.
El tráfico en la calle de la Reina Margarita estaba suave.
El día era fresco.

Rubirosa manejaba rápido, como siempre,
sin cinturón de seguridad.
A él le gustaba vivir de forma peligrosa.
Era algo que le daba un sentido de estar vivo.
Además, como ex piloto de carreras, se consideraba un buen chófer.

Mientras manejaba por la calle, se dio cuenta de que estaba cerca de su campo de polo.
Fue con el polo que había conocido a Danielle.
Quizás fue por eso que se distrajo.

Dos espectadores vieron cómo el Ferrari chocaba contra un árbol.
Cuando llegaron al accidente, el chofer estaba atrapado entre su asiento y el volante,
pero estaba vivo.

—¡Qué suerte de tigre! —dijeron.

La suerte no se detuvo ahí.
Por pura casualidad, una ambulancia pasaba por el lado.
Se detuvo.

Lograron extraer a Rubirosa del Ferrari
y subirlo a la camilla.
Rubirosa trataba de hablar,
tratando de preguntar dónde estaba,
a dónde lo llevaban.

La clínica más cercana resultó ser, por ironía de la suerte,
la misma donde lo habían llevado veinte años antes,
cuando lo balacearon en la espina dorsal.

Con su suerte de tigre,
había sobrevivido a dos accidentes de auto,
dos accidentes aéreos,
los nazis,
la Revolución Cubana,
y lo más peligroso de todo: Trujillo.

Sin duda, pensaban todos,
él podía superar este pequeño choque de carro.

Pero esta vez, su suerte de tigre no lo salvó.

Rubirosa murió poco después en la clínica.
El hombre que vivió por y para el peligro,
que creía que el riesgo era la prueba de estar vivo,
se apagó en París,
años lejos de República Dominicana,
sin un título real,
sin un discurso de despedida,
y con el eco de sus amantes, su política y su fama flotando sobre su nombre.

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