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Rubirosa: El ladrón y el asesino (Parte 4)

El viaje de Rubirosa: del pasaporte diplomático al exilio Porfirio Rubirosa nunca habría llegado tan lejos sin la figura más poderosa de la República Dominicana:..

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Rubirosa y los Nazi - Hitler

El viaje de Rubirosa: del pasaporte diplomático al exilio

Porfirio Rubirosa nunca habría llegado tan lejos sin la figura más poderosa de la República Dominicana: Rafael Trujillo. El dictador, astuto e implacable, convirtió a Rubirosa en un símbolo de la modernidad dominicana, regalándole algo que cambiaría su vida: un pasaporte diplomático, una herramienta de protección y poder absoluta. Con ese documento, Rubirosa se volvió inmune a la ley, viajaba de puerta a puerta y manipulaba cualquier situación sin que nadie pudiera cuestionarlo. Su vida se convirtió en un viaje constante de lujo y seducción, donde el pasaporte diplomático era su arma más letal, una “licencia de matar” en el sentido figurado de la manipulación.

Berlín, Hitler y el despertar de una conciencia

En 1936, el mundo vio en Berlín el auge de la Alemania nazi. El establecimiento de Adolf Hitler como líder de un país que antes había sido pobre y resentido inspiró a muchos líderes, incluyendo a Trujillo, quien buscaba imitar el éxito de Hitler incluso en su vestimenta y estrategia. El dictador dominicano envió una delegación a Berlín, con Rubirosa como secretario, y el joven diplomático se encontró viviendo en la ciudad de la guerra y la modernidad.

En Berlín, Rubirosa se enamoró de la vida de la élite europea, de los deportes, de la diplomacia y de la sociedad nocturna. Asistió a desfiles militares, bebió champán, se codeó con oficiales de la SS y se sintió atraído por la fascinación del poder nazi. Sin embargo, cuando vio el maltrato de un joven judío en la calle, comprendió que el sistema nazi era profundamente corrupto. A pesar de la admiración inicial hacia el orden y la modernidad alemanes, la realidad de la persecución racial le reveló el lado oscuro de la dictadura de Hitler. Mientras Rubirosa se maravillaba con la modernidad berlinesa, su esposa Flor de Oro, la hija de Trujillo, se sintió impedida por la moral nazis.

Entre Berlín y París: el fin de un romance

El viaje de Rubirosa y Flor de Oro a París marcó el final de su relación. La joven Flor, criada en París, pensaba que regresar a la ciudad de su corazón ayudaría a reavivar su amor con el joven militar, pero lo que encontró fue un hombre perdido entre viejos amigos y viejas amantes. En París, Rubirosa se entregó a su vida de fiesta, visitó clubes que conocía de la adolescencia y volvió a su hábito de la seducción. La vida de la ciudad de luz, con sus bailes, sus bares y su libertad moral, se convirtió en un escenario de caos para el joven diplomático.

El viaje de Rubirosa a París se convirtió en un viaje de descubrimiento personal. Separado de la figura de Trujillo y de la estructura de su familia, el joven comenzó a robar estampillas de la embajada dominicana para venderlas a coleccionistas, se apoderó de suministros de la oficina y se convirtió en un chismoso de la diplomacia. La ciudad de la luz, que antes había sido un lugar de encanto, se volvió un lugar de emboscadas y secretos.

Madrid, la guerra de la joya y la vida diplomática

La historia de Rubirosa en Madrid es una de las más oscuras de su vida. En 1938, el joyero español Manuel Fernández Saldado, un hombre que había perdido su fortuna en la Guerra Civil de España, recurrió a Rubirosa en busca de ayuda. El diplomático, con su pasaporte inmune a la ley, se ofreció a buscar las joyas de Saldado en Madrid, un lugar donde la guerra civil y el terror reinaban. Rubirosa, acompañado por un hombre llamado Cogen, un judío de origen polaco que también había perdido su fortuna, se embarcó en una aventura peligrosa que lo llevaría a la ciudad devastada de Madrid.

La expedición fue un desastre: Rubirosa y Cogen fueron emboscados por fuerzas de la Guerra Civil, y Cogen murió en el intercambio de tiros. El diplomático escapó, pero las historias cuentan que Rubirosa había robado parte de las joyas de Saldado y de Cogen, aprovechando la inmunidad diplomática para salir de la guerra sin consecuencias. La historia de Rubirosa en Madrid se convirtió en un símbolo de la corrupción diplomática, de un hombre que manipulaba la ley para obtener riqueza y poder.

El regreso a París y la vida de la exiliado

El regreso de Rubirosa a París, después de la tragedia de Madrid, marcó un punto de inflexión en su vida. El viaje de París a Berlín, de Berlín a Londres, de Madrid de vuelta a París, había sido una serie de golpes que habían derrumbado su estabilidad. El diplomático se quedó solo en la ciudad de la luz, sin dinero, sin amigos ricos, sin una vida estable. La ciudad de su corazón, París, se volvió un lugar de caos para el exiliado dominicano.

Rubirosa, sin embargo, no se hundió. La ciudad de la luz se convirtió en su refugio, donde el exiliado encontró a doña María, la madre de Flor de Oro, una mujer de la aristocracia dominicana que conocía sus encantos. La joven, ahora soltera y rica, se convirtió en la salvación de Rubirosa. En París, Rubirosa y María florecieron entre fiestas, bailes y viajes, mientras el joven se adaptaba a la vida de la exiliado. La vida de la ciudad de la luz se volvió una forma de vida, donde el pasado de la República Dominicana y de la dictadura de Trujillo se mezclaban con la modernidad europea.

La vida de la encantador diplomático

En París, Rubirosa se convirtió en un símbolo de la encantador diplomático, un hombre de la cultura y del encanto. La vida de la ciudad de la luz se volvió un escenario de aventuras, donde el joven diplomático navegaba entre las clases altas europeas, seducía mujeres de la aristocracia, y se movía con la elegancia de un príncipe. La ciudad de la luz, que antes había sido un lugar de la dictadura de Hitler, se convirtió en un lugar de la libertad individual y de la modernidad.

Rubirosa, sin embargo, nunca olvidó su pasado. La dictadura de Trujillo, el pasaporte diplomático, la Guerra Civil de España, la persecución de la dictadura de Hitler, y la vida de la República Dominicana se mezclaron en su experiencia personal. La vida de Rubirosa en París se volvió un símbolo de la exiliación, de la separación de la patria y de la modernidad europea.

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