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¿Por qué los dominicanos celebran una fiesta alemana? | Historia Oktoberfest en República Dominicana

El Oktoberfest: una boda bávara que llegó hasta el Caribe dominicano ¿Sabías que en la República Dominicana se celebra una de las fiestas más antiguas..

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Oktoberfest en Republica Dominicana

El Oktoberfest: una boda bávara que llegó hasta el Caribe dominicano

¿Sabías que en la República Dominicana se celebra una de las fiestas más antiguas de Baviera?
Sí, una tradición nacida hace más de 200 años en una pradera alemana,
que hoy se celebra también aquí, en el Caribe.

Cada año, millones de personas en todo el mundo levantan sus jarras de cerveza,
se visten con trajes bávaros y cantan canciones en alemán,
aunque muchas no sepan exactamente por qué lo hacen.

Entonces, ¿cómo una celebración del siglo XIX terminó convirtiéndose en un festival global?
¿cómo esa tradición llegó hasta la isla de Santo Domingo?

Yo soy de Baviera, de Múnich, el lugar donde nació esta celebración.
Crecí rodeado de música, comida y Oktoberfest.
Nunca imaginé que un día la encontraría también aquí en la República Dominicana.

Desde Múnich hasta Sosúa,
de los monjes cerveceros a los inmigrantes judíos,
esta es la increíble historia del Oktoberfest:
una fiesta bávara que cruzó océanos, conquistó el mundo y encontró un nuevo hogar, incluso en la República Dominicana.


Capítulo 1: La boda real que lo empezó todo

Todo comenzó con un chico frente a una chica,
y la inquietante certeza de que no podía dejar de pensar en ella.

Ella no era la princesa más brillante de la corte ni la que todos esperaban que él eligiera.
Pero desde que el príncipe heredero Ludwig de Baviera vio a Teresa, la duquesa de Sajonia-Hildburghausen,
no pudo dejar de mirarla.

Ludwig sabía que no era solo una decisión romántica:
estaba eligiendo a la futura reina de Baviera.
Quería alguien en quien pudiera confiarrespetar,
y con quien compartir el trono.
Si el matrimonio tenía que ser político, al menos que fuera con alguien que realmente encajara.

Teresa era inteligente, con una fuerza tranquila que lo atrapó.
No era la más hermosa de sus hermanas,
pero era la correcta.

Su unión nació como una alianza política
para proteger al joven reino de Baviera de la sombra de Napoleón.
Pero para Ludwig —y según cuentan las historias, también para ella—
fue más que política: fue amor.


Capítulo 2: Imperios, emperadores y la conexión con Santo Domingo

Era 1810.
El mundo estaba en llamas.
Napoleón Bonaparte dominaba medio planeta,
con su poder extendiéndose desde México hasta Egipto.

Pero, como suele pasar con los que buscan dominarlo todo,
el poder se les escapa de las manos.

En la Isla de Santo Domingo, la Revolución haitiana cambió el rumbo de la historia.
Napoleón envió un gran ejército para recuperar San Domingo francés,
fracasó.
Del otro lado, en Santo Domingo español,
tampoco logró recuperar el control:
en 1809, tras la Guerra de la Reconquista, los dominicanos expulsaron a sus tropas.

Mientras tanto, en Europa, un nuevo y ambicioso reino, Baviera,
optaba por otra estrategia.
Alemania aún no existía:
Europa era un rompecabezas de reinos y ducados.

Baviera se había convertido en reino apenas en 1806,
tras la caída del Sacro Imperio Romano Germánico,
también conocido como el Primer Imperio.
Los Habsburgo, que lo gobernaron durante siglos,
dejaron su huella en toda Europa.

El águila bicéfala del Primer Imperio
aparece en el escudo de la Universidad de Santo Domingo (UASD),
fundada en 1538.
Gracias a una de esas alianzas dinásticas,
Carlos V, rey de España y luego emperador del Sacro Imperio,
fue el mismo monarca de Santo Domingo (corona española) y de Baviera (entonces parte del Imperio).

Entre 1519 y 1556, Santo Domingo y Baviera compartieron al mismo monarca.
Por eso, el símbolo imperial imperó también en la primera universidad de América.

Pero volvamos a 1810.
Mientras en América dominicanos, haitianos y mexicanos libraban guerras contra los franceses,
la casa real bávara eligió otra arma igual de peligrosa: el matrimonio.

El príncipe heredero Ludwig Carl August von Wittelsbach
buscaba una esposa que asegurara alianzas y estabilidad
ante la amenaza de Napoleón.
Entre varias candidatas, eligió a Teresa de Sajonia-Hildburghausen.
No era la más bella de sus hermanas,
pero Ludwig veía en ella las cualidades de una reina.


Capítulo 3: Theresienwiese, la pradera de Teresa

La boda se fijó para el 12 de octubre de 1810,
día del santo del padre de Ludwig.
Era un mensaje discreto a Napoleón:
Baviera estaba unida y fuerte.

Como parte de la celebración,
la Guardia Nacional Bávara organizó una carrera de caballos abierta al público.
Ludwig y Teresa, que ambos adoraban los caballos,
aceptaron encantados.

La carrera se realizó pocos días después, a las afueras de Múnich.
Miles de personas asistieron,
con comidacerveza y música.
Fue alegreruidoso y festivo.

El éxito fue tan grande que se repitió el año siguiente,
y el año siguiente,
y el año siguiente.

El campo donde se hacía la carrera fue bautizado como Theresienwiese
(“la pradera de Teresa”),
en honor a la reina.
Oficialmente se conocía como el Fest del Príncipe Heredero,
pero el pueblo pronto lo llamó simplemente Wiesn.

Con el tiempo, se suma a la celebración una feria agrícola.
Para 1818, la cerveza, la comida y el entretenimiento ya son protagonistas.
Cervecerías instalan puestos,
tabernos traen barriles,
aparecen galeras de tiro y juegos de feria.

Pero la vida real no era cuento de hadas.
Ludwig tenía fama de mujeriego.
En los años 40, ya con unos 60 años,
tuvo un romance con la bailarina Lola Montés,
quien tenía apenas 25.
Eso escandalizó a Europa entera.

Teresa toleró sus aventuras.
Y la fiesta siguió.

En 1848, Ludwig abdicó,
pero no desapareció.
Con su propio dinero, financió una enorme estatua de bronce
que representa a Baviera como una figura alegórica.
La inauguraron en 1850.

Desde entonces, la estatua de Baviera vigila la pradera cada año.
Cuando Ludwig y Teresa murieron,
lo que nació como una boda real
se había convertido en un símbolo de unidad bávara,
una fiesta del pueblo,
con Baviera literalmente observando desde arriba.


Capítulo 4: Alemania se inventa a sí misma

Estamos en la década de 1860.
El norte de Europa sigue siendo un rompecabezas de reinos:
PrusiaSajoniaWürttembergBaviera y muchos más.

Prusia es el más grande y poderoso.
Frente a él, como siempre, está su viejo rival: Francia.

Entonces entra en escena Otto von Bismarck,
canciller prusiano y brillante estratega.
Lanza una idea algo loca:
unir a todos esos reinos para enfrentar a Francia con verdadera fuerza.

Y tenía razón.
En 1870, Francia declara la guerra de nuevo,
pero esta vez pierde contra Prusia.
La Guerra francoprusiana demostró que, unidos,
podían no solo resistir a Francia, sino vencerla.

Y así, en 1871, nace el Deutsches Reich (el Imperio Alemán),
también llamado el Segundo Imperio,
después del Sacro Imperio Romano Germánico.

Aquí viene la sorpresa:
República Dominicana se fundó en 1844.
Es decir, la República Dominicana como país es más vieja
que lo que hoy conocemos como Alemania.
La República le lleva casi 30 años a Alemania como Estado-nación.

La palabra “Deutschland” viene de un término antiguo que significa “el pueblo”.
“Deutsches Reich” era, literalmente, el imperio del pueblo:
una federación de reinos y ducados,
cada uno con su historia, sus dialectos, su comida y su orgullo.

Baviera fue el último gran reino en unirse a Alemania,
solo bajo sus propias condiciones.
El rey de Baviera, Ludwig II (nieto de Ludwig I y Teresa),
no se sentía identificado con los prusianos.
De hecho, hoy en día, “prusiano” no es un apodo amable en Baviera.

Ludwig II odiaba a los políticos.
Amaba la ópera y construir castillos de cuento,
como el famoso Neuschwanstein.

Pero bajo la presión de Bismarck, firmó la entrada de Baviera al Imperio
sin renunciar a su autonomía.

Baviera es, y en cierto modo sigue siendo,
un país dentro de otro país,
con Múnich como su capital.
Por eso el Oktoberfest sólo se celebra en Baviera,
no en el resto de Alemania:
es una fiesta fundamentalmente bávara, no alemana.


Capítulo 5: La Real Wiesn, el corazón de la fiesta

La fiesta aún se celebra en el mismo lugar
donde en 1810 corrieron la primera carrera de caballos.
La estatua de Baviera aún vigila la pradera desde lo alto.

Hoy, Múnich creció a su alrededor.
Durante la mayor parte del año,
la Theresienwiese es solo una pradera en parte cementada,
usada por corredores, paseadores de perros,
un circo, una feria,
e incluso convenciones de los Testigos de Jehová.

Pero cada año, durante dos semanas,
entre finales de septiembre y comienzos de octubre,
el lugar se transforma en el festival popular más grande del mundo,
con más de 6 millones de visitantes.

Como el aniversario de la boda real es en octubre,
la llamaron Oktoberfest.
Con el tiempo se adelantó a septiembre por el clima,
y solo los últimos dos días caen en octubre.
Técnicamente, debería llamarse “Septemberfest”,
pero todos solo lo conocen como “die Wiesn”.

La Wiesn se ha celebrado casi sin pausas desde 1810,
salvo durante las dos guerras mundiales y la pandemia de COVID‑19.
Durante esas semanas, la ciudad entera gira en torno a la fiesta:
hoteles llenosnegocios al máximo,
calles desbordadas de turistas.

Los muniquenses tienen una relación de amor‑odio con la multitud.
Muchos se quejan,
pero para la mayoría, ir a la Wiesn cada año es casi un rito.
Lo hacen vestidos con la ropa tradicional:
Dirndl para las mujeres,
Lederhosen para los hombres.

Entre los jóvenes, vestirse así es una moda,
una forma de decir:
“Yo soy bávaro”.


El desfile, el “Anstich” y el mito de la cerveza

La Wiesn comienza con un gran desfile por las calles de Múnich.
Participan asociaciones culturalesbandas
cervecerías que desfilan con carros tirados por caballos,
decorados con flores y cervezas.

La apertura culmina con el famoso “Anstich”:
el alcalde de Múnich abre el primer barril de cerveza
y grita:
“Es geöffnet!” (¡Está abierto!).

Solo entonces se sirve oficialmente la cerveza.

Hablando de símbolos, el patrón azul y blanco ondea en todas partes.
Originalmente fue la bandera de los Wittelsbach.
Hoy es un emblema cultural,
impreso en carpas, mantles, adornos y jarras de cerveza.
Ya no representa sola una monarquía:
representa a Baviera.

La Wiesn combina dos grandes áreas:
las carpas cerveceras y las atracciones.

Las atracciones son como aquí decimos “ferias mecánicas”,
pero más grandes.
Algunas tienen más de un siglo de historia.

Una de las más emblemáticas es el “Tivoli Slad”
(la “rueda de la gravedad”):
una enorme plataforma de madera ligeramente inclinada
que gira mientras los participantes intentan aguantar sentados
el mayor tiempo posible.

El concepto es simple,
pero hacerlo es increíblemente difícil y muy divertido.

El Tivoli Slad no es solo un juego:
es una tradición viva,
una de las pocas atracciones que han girado junto con las generaciones de Múnich.
Mis abuelos se subieron a ella,
mis padres también.
Y yo mismo jugué decenas de veces de niño,
intentando no salir volando.

Aquí va el truco para no caer:
ir sin zapatos y mantenerse cerca del centro.


Las carpas cerveceras, la comida y la cerveza

La segunda área son las famosas carpas cerveceras.
Cada una pertenece a cervecerías y familias que han mantenido su tradición
por generaciones.
Historias que casi dan para una serie de Netflix…
y de hecho, hay una en Netflix sobre la historia de esas carpas.

Cada carpa funciona como un gran restaurante:
entras, te sientas, pides comida y bebida
y escuchas música en vivo.
De vez en cuando suena una canción tradicional
y todos brindan al unísono.

Los vasos de 1 litro (llamados “Maßkrug”)
se usan en toda Múnich.
Una “Maß” cuesta entre 8 y 10 euros,
así que no es barato.
Por eso, no hay tantos borrachos como se cree:
los que se pasan suelen ser turistas.

En las carpas se reúnen los elementos esenciales:

  • ropa tradicional,
  • música de banda,
  • comida típica: pretzelssalchichascarnes asadaspollo asadopescado y, por supuesto, cerveza.

La cerveza es el símbolo más visible del Oktoberfest.
Muchos piensan que la cerveza es el enfoque real,
pero en la historia original no es el centro:
la fiesta nació como un aniversario de boda.
Aun así, la cerveza es esencial.

Y como ya vimos, la cerveza moderna tiene raíces bávaras,
especialmente en Múnich.
Si alguna de las marcas de cerveza que ves en República Dominicana te resulta familiar,
es porque se originaron aquí, en Múnich y en el Oktoberfest,
y ahora están disponibles en tu barrio.


Capítulo 6: La cerveza tiene raíces bávaras… y dominicanas

Antes de que existiera el Oktoberfest,
antes de que Baviera fuera reino,
incluso antes de que Alemania existiera,
ya existía la cerveza.

La región bávara lleva siglos elaborando cerveza,
sobre todo en monasterios,
donde monjes perfeccionaron recetas que influyeron en la cerveza moderna.

Sí, la cerveza tiene raíces católicas.
Por eso, cuando en República Dominicana compras una cerveza alemana,
muchas marcas bávaras aún muestran monjes en sus etiquetas,
y conservan el nombre de la orden que la creó.

Antes de ser global, Múnich ya era famosa
por sus monasterios cerveceros,
muchos de los cuales se pueden visitar aún hoy.

En 1516, el duque Guillermo IV de Baviera promulgó la Reinheitsgebot,
la Ley de Pureza:
la cerveza solo podía elaborarse con agua, lúpulo, malta y levadura.

Quería garantizar la calidad
y evitar que se usaran ingredientes peligrosos
o que se encareciera el pan.

Simple, pero revolucionario.
Los estilos modernos, incluso los lagers
que dieron origen a muchas cervezas light y presindentes,
nacen de esa ley bávara.

Esa tradición cervecera llegó a República Dominicana
de la mano de inmigrantes alemanes
que se adhirieron a la Reinheitsgebot.

Pero no toda la historia de Múnich es alegre.
Aquí Hitler inició su ascenso al poder,
fundando el Tercer Reich
tras el Primero (Sacro Imperio Romano Germánico)
y el Segundo (Imperio Alemán de Bismarck).

Y fue también aquí, en las afueras de Múnich,
donde se levantó el primer campo de concentración nazi.

Cuando el nazismo tomó fuerza
y muchos judíos huyeron,
algunos terminaron en Sosúa,
mostrando que la República Dominicana siempre aparece
en estas historias de una forma u otra.


Capítulo 7: De monjes cerveceros a inmigrantes judíos en Sosúa

El Oktoberfest nació en Múnich,
pero la cultura bávara no se quedó ahí.

Durante siglos, alemanes, muchos de ellos bávaros,
emigraron por el mundo.
Algunos lo hicieron en el siglo XIX buscando oportunidades,
otros huyeron en los años 30 con el ascenso del nazismo.

Entre ellos había numerosos judíos bávaros
que, además de su fe,
llevaron consigo su identidad bávara.

Varios refugiados llegaron a la República Dominicana,
sobre todo a Sosúa,
y con ellos llegó un pedacito de Baviera.

Fotografías viejas muestran hombres con Lederhosen
y mujeres con Dirndl bailando y celebrando.
No sabemos si hubo un Oktoberfest oficial en Sosúa,
pero es muy probable que levantaran sus copas cada octubre,
como solían hacer en Múnich.

Al menos recrearon celebraciones bávaras
que mantuvieron viva su cultura lejos de su casa.

Lo que sí es seguro es que trajeron su cocina.

Baviera tiene una gran tradición de embutidos y carnes curadas,
pilares de la charcutería alemana.
Los refugiados adaptaron sus recetas
con ingredientes locales.

De ahí surgió el salami dominicano,
un producto único,
pero con raíces bávaras en su concepto y preparación.

Aunque no podemos confirmar un Oktoberfest oficial en Sosúa
en aquel entonces,
sí podemos decir que la cultura bávara echó raíces aquí.


Capítulo 8: El Oktoberfest se vuelve global

El Oktoberfest nació en una pradera bávara,
pero hoy pertenece al mundo.

Fueron principalmente inmigrantes alemanes en Estados Unidos
quienes llevaron sus tradiciones al otro lado del Atlántico.
No todos eran bávaros,
por eso la fiesta no apareció de inmediato en todas las comunidades germano‑estadounidenses.

Primero creció una identidad alemana general,
y luego, en el siglo XX,
surgieron festivales para celebrar esas raíces.
Muchos habían oído hablar del Oktoberfest
sin saber que nació como una boda real bávara,
y supusieron que era un festival de cerveza.

Así, en Estados Unidos,
el Oktoberfest tomó nueva forma:
un festival de cerveza con sabor bávaro:
pretzelsLederhosenmúsica alegre y mucha cerveza,
pero sin su contexto histórico.

Lo mismo ocurrió en otros lugares:

  • En Brasil, se profundizó en Blumenau y Joinville,
    conservando gran parte del espíritu original.
  • En CanadáKitchener‑Waterloo tiene uno de los mayores festivales fuera de Alemania.
  • En AsiaShingo (Japón) y Hong Kong celebran sus propias versiones.
  • En Australia, destacan Melbourne y Sydney.
  • En Venezuela, la colonia Tovar lo celebra con mucha fuerza.

Hoy, en 2025, hay festivales inspirados en la Wiesn
en todos los continentes.

Con el tiempo surgieron pequeñas celebraciones
en lugares con presencia alemana en República Dominicana:
SosúaPuerto PlataPunta Cana,
así como bares, restaurantes y cervecerías en todo el país.

Incluso hay eventos más grandes,
como en Altos de Chabón (Santiago)
y en Santo Domingo.


Capítulo 9: Oktoberfest en Santo Domingo – el Centro Dominicano–Alemán

Vamos ahora al Centro Dominicano‑Alemán en Santo Domingo.
Aquí celebran la cultura alemana durante todo el año,
pero en la temporada de la Wiesn en Múnich,
los fines de semana el lugar se transforma en una pequeña Bisn.

El patio del centro se convierte en un rincón bávaro,
como una carpa cerveceras en miniatura
que se extiende por las aulas de alemán.

Ahora, Francisco, ¿cuál es la idea de hacer el Overfest aquí?

—Bueno, este es el Centro Cultural Dominicano–Alemán.
¿Qué mejor lugar para hacerlo que aquí?
Hemos tratado de incorporar a la cultura alemana
y, sobre todo, de integrar al público dominicano a esa cultura.
Empezamos hace unos 10 años,
y cada año va creciendo y creciendo.
Notamos que no solo vienen alemanes,
sino todas las comunidades dominicanas.

¿Qué es lo mejor del Overfest?

—El ambiente, la comida, la gente, la cerveza, las salchichas
todo, increíble.
Aquí comen bien, pasan un rato muy bueno.
Se lo recomiendo ampliamente.

¿Y la salchicha es buena aquí?

—Claro que sí, siempre.
Y con alegría, con mucha alegría.

Además, me impresiona el Mapa del Bundes en el patio del centro.
Alemania nació de la unión de muchos reinos y ducados,
y el Mapa del Bundes de Santo Domingo refleja esa historia:
muestra los escudos de los distintos estados alemanes,
desde Hamburgo hasta Baviera.

Así, el centro busca representar la autenticidad alemana,
y sobre todo la bávara,
acompañada de la bandera azul y blanco de los Wittelsbach,
que, como aprendimos, no puede faltar en un Oktoberfest.


¿Oktoberfest = fiesta de la cerveza de Múnich?

Una pregunta de conocimiento:
¿Oktoberfest es la fiesta de la cerveza de Múnich?

—Es falso y correcto a la vez.
Es una fiesta donde se bebe mucha cerveza,
pero la cerveza no es el motivo principal,
sino la celebración anual de una boda real
y de la memoria del rey Ludwig.

El evento en Santo Domingo conserva una costumbre típica del Oktoberfest:
disfrutar la fiesta en largas mesas compartidas,
donde uno se sienta junto a desconocidos
y termina siendo nuevos amigos.

Varios asistentes llegan vestidos con trajes tradicionales:
Dirndl para las mujeres,
Lederhosen para los hombres.
Muy guapas.

Mira lo que él tiene puesto:
absolutamente auténtico.
Es un Lederhosen hecho de piel de venado.
Cuando el pantalón es de piel de venado,
se sabe que es auténtico bávaro.

—¿Hablas más bávaro que alemán?

—Eso no lo puedo aprender, es demasiado complicado,
pero Baviera está en mi corazón.

El Oktoberfest Santo Domingo
tiene mi total aprobación bávara.
Limitado solo por la disponibilidad de ingredientes y productos originales,
es lo más auténtico que puede lograrse tan lejos de Múnich.

Aprobado.

Pero curiosamente, no es el Oktoberfest país.
Ese título pertenece al Oktoberfest de Santiago.


Capítulo 10: Oktoberfest Santiago – el gigante caribeño

El Oktoberfest de Santiago
se celebra en el antiguo aeropuerto de Santiago,
hoy convertido en un enorme espacio abierto.

Una pequeña noria, no tan alta como las de Múnich,
suficiente para recordar los orígenes de la Wiesn.

Dentro, una gran carpa recrea el ambiente del Oktoberfest.
Alrededor, decenas de puestos ofrecen comida internacional:
mexicanadominicanashamburguesas,
y lo más interesante:
una amplia selección de cervezas artesanales dominicanas.

No es 100% bávaro,
sino más inspirado en el estilo estadounidense:
una gran carpa,
la cerveza como protagonista,
comida variada y un ambiente festivo.

Pero eso no está mal.
Refleja cómo cada país adopta la tradición a su manera.

Aun así, hay un esfuerzo por mantener el espíritu bávaro:
la bandera azul y blanca de los Wittelsbach ondea con orgullo,
y algunos asistentes llevan Dirndl y Lederhosen.

Entre ellos, una familia de origen bávaro
vendía los famosos palitos de salchicha bávaros.
Todo un detalle de autenticidad.

Un toque curioso es la zona de Cigar Lounge,
algo impensable en Múnich,
donde fumar está prohibido.
Aquí aporta un toque siempre dominicano.

Lo que más me impresionó fue la escena cervecera local.
Hace pocos años solo había unas cuantas marcas dominicanas.
Hoy hay decenas,
y verlas ocupar un lugar central en esta fiesta
muestra cuánto ha crecido la cultura cervecera del país.

Casi no hay marcas internacionales:
predominan las cervecerías locales con sus lagers y cervezas de temporada.
Ir de puesto en puesto probando diferentes estilos se convierte en una experiencia en sí misma.

Muchas de las cervezas se sirven de barril, como debe ser.
La de botella o lata no logra la misma espuma ni sabor.
Servirla bien requiere práctica.

La comida también sorprende.
Aunque no hay platos alemanes “puros”,
los puestos ofrecen shomastacoshamburguesas gourmet
y otros clásicos dominicanos.
Nadie se queda con hambre.

Luego está la música.
Cada noche hay presentaciones en vivo de distintas bandas.
El Oktoberfest Santiago es también un gran concierto,
con grupos dominicanos,
incluso excelentes bandas de rock dominicano.

Nosotros fuimos el día en que tocó Grupo Bon.
Y cualquiera que conozca a Boñé sabe lo que eso significa.
Creo que vale la pena hacer un video solo sobre ese fenómeno.


Conclusión: Baviera en el Caribe

Si buscas una experiencia divertida y vibrante,
Santiago cumple.

La versión más auténtica sigue siendo el Oktoberfest
del Centro Dominicano–Alemán en Santo Domingo,
pero el de Santiago es más grande, más diverso y con mucha alegría.

El próximo año,
no importa si estás en Santiago,
Santo Domingo,
Punta Cana,
Puerto Plata,
Altos de Chabón o incluso Sosúa,
ponte tu Dirndl o Lederhosen,
levanta tu jarra
y brinda por un pedacito de Baviera en el Caribe.

Y recuerda:
es bávaro, no solo alemán.

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