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¿Por qué la CIA quería OCULTAR LA VERDAD sobre TRUJILLO, RUBIROSA, los ovnis, CASTRO y JFK?

Los nuevos archivos de Kennedy, la CIA y Trujillo: ¿qué realmente revelan? Hace poco, Trump 2.0 volvió a hacer ruido.Esta vez no fue con un..

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Secretos de los EEUU, Trujillo Kennedy

Los nuevos archivos de Kennedy, la CIA y Trujillo: ¿qué realmente revelan?

Hace poco, Trump 2.0 volvió a hacer ruido.
Esta vez no fue con un discurso ni un tuit.
Firmó la liberación de miles de nuevos archivos secretos sobre el asesinato de John F. Kennedy.

En la República Dominicana, como en todo el mundo, explotó el internet.
La gente empezó a hablar de supuestas “verdades” sobre Kennedy, la CIA, la República Dominicana, América Latina y hasta sobre figuras como Trujillo y Rubirosa.
Algunos juraban que esos papeles cambiaban la historia dominicana.
La verdad, es más sencilla… y a la vez más rara de lo que parece.

Yo leí muchos de esos documentos, para que tú no tengas que hacerlo.
Porque, sinceramente, la cosa se pone muy extraña muy rápido.

¿Qué son estos archivos, en realidad?

Antes de hablar de contenidos conspirativos, hay que entender qué son.
No son un libro de revelaciones mágicas.
Son el papeleo diario de un gobierno.

Cuando un agente de la CIA estaba en La Habana, escribía un informe.
Cuando el FBI investigaba a alguien, también lo ponía por escrito.
Si había mensajes entre embajadas y Washington, esos se archivaban.
Incluso las notas de las reuniones del Consejo de Seguridad Nacional terminaban guardadas.

En Estados Unidos, por ley, esos documentos se deben conservar y, con el tiempo, abrirse al público.
Igual pasa en la República Dominicana: los archivos presidenciales van al Archivo General de la Nación.
Cualquiera puede ir a pedirlos.
Eso, en el fondo, es lo que significa vivir en una democracia.

¿Por qué hay cosas clasificadas entonces?

Claro, la pregunta lógica es:
Si todos pueden verlos, ¿para qué existe lo clasificado?

Básicamente, la respuesta es:
La Guerra Fría.

Estados Unidos apoyó golpes de Estado, sabotajes, espionaje, conexiones con mafias y hasta con dictadores.
Si todo eso salía de golpe, podían morir agentes, romperse alianzas y hasta empezar guerras.
Por eso, la misma ley que ordenaba abrir los archivos permitía también clasificarlos: “solo para ojos autorizados”, “alto secreto”, “seguridad nacional”.
Ni el propio presidente podía ver algunos documentos.

Ese periodo de cierre podía durar entre 50 y 75 años, hasta que las personas involucradas ya no estuvieran vivas o en el cargo.
La idea era proteger nombres, fuentes y métodos.

De la comisión Warren a la ley JFK

En 1964, la Comisión Warren concluyó que Lee Harvey Oswald actuó solo.
Según esa versión, no había conspiración.
El problema es que el informe final sí se publicó… pero las fuentes originales no.

Los documentos de la CIA, el FBI, las notas internas, los reportes de inteligencia… todo quedó sellado.
Por eso, muchos no creyeron ese informe.
Y ahí nacieron las teorías de conspiración:
¿Por qué escondían tanto?
¿Qué estaban ocultando?

En 1992, la película JFK, de Oliver Stone, revivió el debate.
La presión fue tan fuerte que el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley de Registros del Asesinato de John F. Kennedy.
Esa ley ordenaba que todos los documentos originales fueran desclasificados antes de 2017.

Suena bonito, pero el mundo de 1992 no era el mismo de hoy.
La Guerra Fría todavía estaba fresca, muchos involucrados vivían.
Así que el plazo de 25 años parecía prudente.

Desde entonces, los presidentes fueron soltando documentos por tandas.
Trump, en su primer mandato, liberó parte del paquete.
Luego llegaron más bajo Biden, muchos censurados, con nombres, países y agencias tachados.

Hace poco, Trump 2.0 firmó una nueva orden.
Y ahora salen miles de archivos más… casi sin tachaduras.
La cosa se ha vuelto viral.
Pero ¿qué revelan de verdad?

Sobre la muerte de Kennedy: ¿atacante solo… pero con advertencias?

Los documentos sobre Dallas, el 22 de noviembre de 1963, no cambian la base del relato de la Comisión Warren.
Lee Harvey Oswald fue el único tirador.
Fue un hombre frustrado, con un rifle y una ventana.
No hay pruebas de un segundo francotirador ni de una conspiración masiva.

Sin embargo, hay un matiz importante.
La CIA, y el FBI, ya tenían a Oswald en la mira antes del asesinato.
Había registros de que lo investigaban, de que era un sospechoso.

¿Y qué hicieron?
Nada.

No hay pruebas de que Kennedy lo ordenara, pero sí de que la CIA y el FBI lo vigilaban y no actuaron a tiempo.
Eso no los convierte en culpables…
Pero sí en cómplices, en la lectura de varios analistas.

Además, los archivos muestran las teorías internas de la CIA.
Entre ellos, barajaban que el asesinato había sido idea de:

  • Fidel Castro
  • La mafia de Chicago
  • Israel
  • O incluso un grupo dentro de la propia CIA

Kennedy y la CIA nunca se llevaron bien.
El presidente había despedido al jefe de la Agencia tras el fracaso de la Bahía de Cochinos.
Ese fracaso también canceló una posible invasión a la República Dominicana.

Aunque había tensión, no hay pruebas de que la CIA quisiera ver a Kennedy muerto.
La verdadera razón de tanto secretismo, dicen muchos, no era proteger a Oswald.
Era proteger a la propia CIA, y todo lo que estaba haciendo en lugares como Cuba, la República Dominicana y otros países.

Locuras de la CIA: LSD, psíquicos, ovnis y el arca de Noé

Si el tema de Kennedy es serio, lo que viene es de película de ciencia ficción.

Durante la Guerra Fría, la CIA no solo espiaba.
Probó de todo.

Espías, seducción y el Tinder de la CIA

La CIA espiaba a ciudadanos estadounidenses sin orden judicial.
Leía cartas, interceptaba llamadas, los seguía.
Todo ilegal, pero lo hacían.

Cuando la información no salía por la fuerza, la buscaron de otra forma:
Seducción.

La CIA usaba lo que hoy llamaríamos un “Tinder anticomunista”.
Le enviaban chicas a coquetear con diplomáticos sospechosos, con políticos, con extranjeros.
La idea era:
En la cama, la gente habla.

A veces usaban aspirantes a actrices de Hollywood.
Les prometían fama a cambio de que ayudaran a sacar información.

No siempre funcionó.
Una vez juntaron a un diplomático árabe con una actriz judía.
Imagínate el desastre.
En otros casos, la “misión de seducción” salía tan bien, que los agentes terminaban enamorados.
La vida real, a veces, supera la ficción.

LSD, MK‑Ultra y experimentos con la mente

La CIA llegó a usar drogas como el LSD en sus operativos.
No era solo para divertirse.
Era parte del proyecto MK‑Ultra.

El objetivo:
Ver si podían hacer que una persona confesara, perdiera la memoria o se volviera fácil de manipular.
Muchos sujetos eran prisioneros, otros, ciudadanos normales engañados.

Algunos experimentos se les salieron de las manos.
Hubo crisis psicót уникаs, vidas destrozadas y, en algunos casos, suicidios.
Y todo eso, lo cuentan los propios documentos.

Pero eso no fue lo más raro.

Psíquicos, extrañadores y el arca de Noé

La CIA, en serio, probó usar psíquicos para espiar.
Los llamaban “percepción extrasensorial” a distancia.

Unos supuestos clarividentes ayudaban a “ver” cosas en el extranjero.
Uno dijo que localizó el arca de la Alianza de Moisés…
pero no sabía dónde exactamente.

Otro juró haber encontrado el arca de Noé en el monte Ararat, en Turquía.
La CIA, durante años, envió agentes a buscarla como si fueran Indiana Jones.

Sí, suena ridículo.
Pero está en los papeles.

Cuba, ovnis fantasma y la obsesión con Fidel

De todos los temas, el que más aparece es Cuba.
La rivalidad entre Kennedy y Castro era histórica.

Los documentos confirman que la CIA investigó a fondo la posibilidad de que Castro hubiera ordenado el asesinato de Kennedy.
Finalmente, llegaron a la conclusión de que no fue así.

Lo más curioso:
Fidel, por miedo a ser culpado, hizo algo inesperado.
Recreó el atentado.
Encontró un lugar parecido a Dealey Plaza, puso autos iguales y pidió a sus mejores francotiradores que intentaran el mismo disparo.

El resultado:
Ninguno logró replicar el tiro de Oswald.
Castro terminó diciendo, más o menos, que no creía que Oswald pudiera haberlo hecho así tan fácil.

La CIA sabía esto… porque tenía espías dentro de Cuba.
Los documentos mencionan nombres, familias, tareas, y hasta los intentos de sacarlos cuando las cosas se pusieron peligrosas.

Uno de los más llamativos fue David Lamar Christ, un espía estadounidense preso en Cuba.
Dirigía una operación llamada Palladium.
La idea:
Usar “aviones fantasma” para simular ovnis en el espacio aéreo cubano.

Esos aviones, fabricados en ÁREA 51, generaban señales falsas en los radares.
Los soviéticos y los operadores de radar veían luces donde no había nada.

Muchos investigadores creen que esa operación, y otras parecidas, fueron la fuente de la fiebre de los ovnis.
Con el tiempo, esos mismos aviones volaron en otras regiones.
Hoy se llama Nemesis a la versión moderna de Palladium.

Muchos avistamientos de ovnis, en el fondo, fueron trucos de la propia CIA, la Marina o la USAF.

La obsesión de la CIA con matar a Fidel Castro

Desde que Kennedy llegó al poder, la CIA tenía un objetivo claro:
Sacar a Fidel Castro.

Los documentos describen docenas de planes para asesinarlo.
Suena a comedia de acción, pero son reales.

  • Cigarros explosivos.
  • Trajes de buzo infectados con bacterias.
  • Conchas de mar con bombas ocultas.
  • Intentos de envenenarlo en el extranjero.
  • Operaciones de propaganda para hacerlo parecer débil o loco.

Todo esto formaba parte de la Operación Mangosta, una estrategia aprobada por Kennedy.
La idea era:
Sabotear la economía cubana, financiar grupos rebeldes y crear caos interno.
El objetivo final:
Preparar un golpe de Estado o una invasión.

La CIA gastó más de 100 millones de dólares en esas operaciones.
Entre los planes:

  • Introducir virus en cultivos.
  • Disfrazar aviones como cubanos para bombardear la base de Guantánamo, y luego justificar una invasión.

La mayoría no se ejecutó.
Pero sí hubo sabotajes reales.
Por ejemplo, la CIA logró hacer que un envío de azúcar de Cuba a la URSS llegara amargo.
Sí, saboteó el sabor del azúcar.

No es nada nuevo para expertos en la Guerra Fría, pero ahora está en papel.

La mafia de Chicago, representada por personajes como Sam Giancana, también aparece en esto.
La CIA negoció con ellos: dinero y protección a cambio de que ayudaran a matar a Castro.

Y justo en ese mundo mafioso aparece un nombre dominicano que todos conocemos.

Porfirio Rubirosa, Giancana y la foto comprometedora

Entre los documentos, aparece Porfirio Rubirosa, de forma breve pero impactante.

La CIA vigilaba muy de cerca a Sam Giancana, el jefe de la mafia de Chicago.
Se sospechaba que la CIA intentó reclutarlo para matar a Castro, ya que la revolución lo había sacado de los casinos de La Habana.
No hay pruebas claras de que el reclutamiento se cerrara, pero sí se ve que Giancana estaba bajo constante vigilancia.

Un informe de junio de 1963 menciona que Giancana intentó reunirse con Rubirosa en París.
La idea era hablar de negocios de juego en la República Dominicana, que ya no tenía conexiones oficiales con el país.

Pero el documento más llamativo es de noviembre de 1963.
La hermana de una amante de Giancana reportó algo curioso:
Giancana decía que Rubirosa tenía una foto comprometedora con Patricia Lawford, la esposa del actor Peter Lawford.
Según Giancana, esa foto “resolvería todos sus problemas con el gobierno”.

La parte más loca:
Patricia Lawford era la esposa de un actor…
y, además, la hermana de John F. Kennedy.

La historia, según los documentos, es que Giancana planeaba usar esa foto para chantajear al presidente de Estados Unidos.
La idea:
Una foto íntima de la hermana del presidente con el playboy más famoso del mundo, Rubirosa, sería un escándalo enorme.

Pero el chantaje nunca llegó a hacerse.
Porque en el mismo mes de noviembre murió Kennedy.
Y Patricia se separó de su esposo, porque él la engañaba.

Que Rubirosa tuviera relaciones con la hermana de JFK ya se sospechaba.
Ella estuvo presente en el funeral de Rubirosa, por ejemplo.
Rubirosa estaba cerca de los Kennedy, de Frank Sinatra… y por tanto, de la mafia.

Pero estos documentos ponen la anécdota por escrito.

La caída de Trujillo y el reporte Trujillo

Uno de los documentos más bomba no es sobre Kennedy, sino sobre la República Dominicana.
Se llama, más o menos, “el famoso reporte Trujillo”.

No dice mucho que no se haya dicho antes.
Pero ofrece detalles desde la perspectiva de la CIA y el FBI.

La historia es sencilla:
Trujillo no le caía bien a Estados Unidos.
El caso de Galíndez, el intento de asesinato de Betancourt, la represión… todo contribuyó.
La Casa Blanca temía que, si Trujillo no caía por dentro, llegaría una revolución… y que esa revolución fuera comunista.
Lo último que querían era “otro Cuba en el Caribe”.

Así que decidieron ayudar a tumbarlo.
De hecho, algunos de los documentos más relevantes para la República Dominicana son de 1961.

En el informe Trujillo, la CIA dice que tenía dos operaciones activas:

  • Una para sacarlo del poder.
  • Otra, mucho más directa, para asesinarlo.

Aunque la CIA lo negaba públicamente, los documentos muestran que la Agencia entregó armas, municiones y apoyo logístico a los conspiradores.

Uno de los planes más llamativos fue Operation Landet.
La idea era:
Estados Unidos daría un ultimátum a Trujillo; si se negaba, se provocaría un conflicto en la frontera con Haití.
Ese conflicto justificaría una intervención de la Organización de los Estados Americanos (OEA), respaldada por potencia militar estadounidense.

La operación nunca se ejecutó, pero demuestra cuán lejos estaban dispuestos a ir.
Incluso fabricar una guerra falsa con Haití.

CIA, Wimpace y el supermercado de la revolución

En la República Dominicana, la CIA trabajaba con varios estadounidenses.
Entre ellos, el embajador Joseph Farland y Thomas Stoker, un hombre que operaba una feria en Ciudad Trujillo y fue clave en la logística de armas.

Las armas no llegaban por aviones misteriosos, ni por submarinos de lujo.
Llegaban escondidas en latas y cajas modificadas dentro del primer supermercado moderno del país: Wimpace.

Wimpace no solo vendía azúcar, sal y atún.
También fue fachada de la resistencia.
El supermercado lo fundó un estadounidense llamado Lorenzo Wimpy Barry, que aparece en los documentos junto a Stoker.

Pero la que más importa en los papeles es su esposa.
La describen como el nexo principal con los disidentes, sobre todo con Antonio de la Masa.
Ella facilitaba reuniones, llevaba mensajes, y ayudaba a coordinar el transporte de armas.

Entre cajas de cereal y latas de tomate llegaban piezas de rifles y explosivos.
Todo pasaba por la aduana sin problemas, se almacenaba en el supermercado… y desde ahí se repartía a los conspiradores.
Nadie imaginaba que, en la sección de mayonesa, se estaba escondiendo una revolución.

El caso de Antonio de la Masa: la acusación incendiaria

Aquí llegamos al tema más delicado:
Antonio de la Masa.

La versión conocida por la mayoría es esta:
Tras el atentado contra Trujillo, los conspiradores huyeron a la casa del Dr. Robert Reed, un pediatra respetado.
Reed los atendió y luego todos murieron en un tiroteo con las fuerzas del régimen.
Reed fue arrestado, interrogado brutalmente por el SIM y luego se suicidó, por la presión y las amenazas a su familia.

Pero el informe de la CIA cuenta otra historia.
Según ese documento, Reid fue obligado a punta de pistola a atender a los heridos.
Y antes de huir, Antonio de la Masa habría agredido sexualmente a la esposa de Reed.

La acusación nunca apareció en libros, ni en la prensa de la época, ni en testimonios históricos.
Ni la familia de Reed, ni la familia de De la Masa, ni la hermana de Reed, ni la esposa de De la Masa, han hablado de eso.

La mayoría de los historiadores coinciden en que la acusación es falsa.
¿Por qué?

  • De la Masa llegó herido, perdiendo sangre, en estado de shock.
    No estaba en condiciones de cometer una agresión física de ese tipo.
  • La fuente principal del informe es un oficial del SIM, el teniente Ortiz, leal a Trujillo.
    Él investigó la muerte de su jefe y tenía todo el motivo para difamar a los conspiradores.
    Sus declaraciones se basan en interrogatorios, posiblemente bajo tortura, y en la perspectiva trujista.

El informe está escrito con un tono que intenta justificar la intervención estadounidense y pintar a los conspiradores como criminales.
La acusación contra De la Masa parece más propaganda que realidad.

¿Y las hermanas Mirabal?

Si alguien esperaba que estos archivos hablaran de las hermanas Mirabal, va a quedar decepcionado.
Los documentos sobre Kennedy y la CIA, en esta tanda, no mencionan a Minerva, Patria, María Teresa y Dedé.
Absolutamente nada.

Si alguien dice que un documento de la tanda 2025 las menciona, que dé el número del archivo.
Por ahora, no hay nada.

El patrón de la CIA en América Latina

Lo más importante no es un caso aislado.
Lo importante es el patrón.

Los documentos no solo hablan de Cuba y República Dominicana.
Hablan de México, Venezuela, Haití, Bolivia, Brasil, Guatemala, y otros países.

Desde el espionaje hasta el apoyo a golpes de Estado, pasando por sabotajes económicos, la CIA y otras agencias tenían las manos en la masa en todo el hemisferio.

Muchas de esas operaciones se hicieron usando empresas y organizaciones fachada.
Una de ellas fue la ICA, que luego se convirtió en USAID.

La USAID hoy entrega ayuda a nivel mundial.
La mayoría de sus proyectos son reales, necesarios y ayudan a millones.
Incluso en la República Dominicana hay proyectos que dependieron de esa ayuda.

Pero los documentos muestran que, a veces, esas organizaciones también sirvieron de cobertura para operaciones menos éticas.
No es que la USAID sea “mala”.
Pero tiene un pequeño margen oscuro que genera preguntas y teorías.

¿Qué tan “verdaderos” son estos documentos?

Hay un error que mucha gente comete.
Piensa que si un archivo está en la tanda de Kennedy, entonces es la verdad absoluta.

No es así.
Estos documentos no son el Evangelio.
Son lo que alguien dijo, pensó o reportó.
No siempre lo que pasó de verdad.

El informe incluye historias de que vieron a Hitler vivo en Argentina, que encontraron el arca de Noé, o que un oficial del SIM vio a De la Masa cometer una agresión sexual.
Eso no significa que sea cierto.
Solo que alguien lo escribió y lo archivó.

Además, hay algo clave:
Las verdaderas conspiraciones no se escriben.
Cuando hay algo realmente sucio, los papeles se destruyen.
O ni siquiera se crean.

Se sabe que, después de la orden de 1992, muchos documentos se destruyeron.
Los 80,000 que conocemos son apenas una parte de lo que existía.

¿Qué queda por ver?

La desclasificación sigue.
Cada pocos meses salen nuevos archivos.
Algunos documentos sobre la República Dominicana aún están parcialmente tachados.

¿Algún día vamos a verlos completos?
No lo sabemos.
Pero sí sabemos algo más claro:
En el pasado, la CIA, el FBI, la NSA y otras agencias actuaron, a veces, como villanos de película.
Estaban dispuestas a mentir, a espiar, a sabotear e incluso a matar para lograr sus objetivos.

Hoy, la gente que la vive en carne propia ya casi no existe.
Las agencias no son las mismas, y el mundo tampoco.

Pero, en la puerta de salida, queda una pregunta:
¿Qué tanto han cambiado las cosas, de verdad?

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