En octubre de 1962, el mundo estuvo a un paso de la guerra nuclear durante la crisis de los misiles cubanos. Estados Unidos y la Unión Soviética negociaban en el filo de la historia, pero detrás de esos acontecimientos globales, un pequeño pueblo de la costa dominicana jugó un papel clave: Sabana de la Mar. Allí, en medio de la tradición pesquera y la humildad de su gente, se levantó una base de rastreo de misiles que se integró directamente en la carrera espacial y la Guerra Fría. La historia de esta base mezcla espionaje, tecnología, azúcar, dictadura y una presencia poco conocida de la República Dominicana en el escenario mundial.
El contexto de la Guerra Fría y la crisis de los misiles
En 1962, las imágenes captadas por los aviones espía U‑2 revelaron que la Unión Soviética estaba instalando misiles nucleares en Cuba. La Casa Blanca vivió días de angustia, y la tensión se apoderó del mundo. Entre las bases militares que monitoreaban esa situación, dos eran vitales: Guantánamo, en Cuba, y una instalación secreta en Sabana de la Mar, en la costa norte de la República Dominicana. Mientras Estados Unidos y Rusia se preparaban para un enfrentamiento sin precedentes, Sabana de la Mar se convirtió en un punto de control estratégico para rastrear el tráfico de cohetes sobre el Caribe.
Orígenes en la Segunda Guerra Mundial y la llegada de von Braun
La historia de la base de Sabana de la Mar comienza realmente al final de la Segunda Guerra Mundial. En 1945, un soldado estadounidense se encuentra en Austria con un grupo de científicos alemanes, entre ellos Wernher von Braun, creador de los cohetes V‑2 alemanes. Temiendo caer en manos soviéticas, von Braun y su equipo se entregan a Estados Unidos. Desde ese momento, Estados Unidos y la Unión Soviética entran en una carrera espacial, ambos intentando superar al otro en el desarrollo de cohetes intercontinentales y satélites. La República Dominicana, aunque lejana de Europa, se convierte en un escenario inesperado de esa competencia global.
La base de Patrick y la necesidad de rango de vuelo
En la década de 1950, la base Patrick en Florida se convierte en el corazón del programa espacial estadounidense. El “Eastern Range”, el corredor de vuelo de los cohetes, se extiende desde Cabo Cañaveral hasta la isla de Ascensión en el Atlántico Sur. Pero para que esa ruta funcione, se requiere el control de puntos de radar en el Caribe. La atmósfera política de la época favorece acuerdos con aliados anticomunistas, y la República Dominicana, liderada por el dictador Rafael Trujillo, entra en el radar de Washington como un aliado potencial. La necesidad de monitorear cohetes y satélites sobre el mar Caribe exige una base avanzada.
El acuerdo de arrendamiento en Sabana de la Mar
En 1951, Estados Unidos y el gobierno de Trujillo llegan a un acuerdo para arrendar un territorio en Sabana de la Mar, un pueblo pesquero de la provincia de Samaná que, en ese momento, ni siquiera tenía electricidad. A cambio de la extensión del derecho de vuelo de misiles sobre el territorio dominicano (siempre que no transportaran cargas atómicas), los estadounidenses construyen una estación de rastreo de misiles en el lugar. La base se inaugura oficialmente en 1956, con la presencia de Trujillo y altos mandos militares estadounidenses, incluido el general Donald Norton Yates, responsable del programa espacial.
La base como faro tecnológico en el Caribe
La estación de Sabana de la Mar se equipa con radares avanzados, computadoras de la época y generadores de electricidad que terminan beneficiando, en parte, al pueblo local. La base nunca funciona como lanzadera de misiles, sino como un centro de rastreo y monitorización. Desde allí, el personal observa los lanzamientos de cohetes de Cabo Cañaveral, verifica trayectorias y reporta anomalías. El 4 de octubre de 1957, cuando la Unión Soviética lanza el Sputnik 1, la base capta la señal de ese primer satélite artificial, un hito que intensifica la competencia espacial y confirma el valor estratégico del sitio dominicano.
La Guerra Fría en el Caribe y la tensión con Cuba
A medida que la carrera espacial se acelera, Sabana de la Mar se vuelve todavía más relevante. En 1958, antes de que expire el contrato original, Estados Unidos solicita una extensión y la construcción de una segunda estación en Cabo Francés Viejo, en la costa norte de la isla. La decisión recae sobre Ramfis Trujillo, quien aprueba la continuidad del acuerdo. La vida del pueblo gira en torno a la base: los soldados estadounidenses conviven con la población, organizan eventos y fiestas, y se integran, aunque superficialmente, a la comunidad. Pero la política regional se vuelve cada vez más tensa.
En 1959, Fidel Castro llega al poder en Cuba y transforma la isla en un Estado comunista aliado de la Unión Soviética. La llegada de Saturn V y la expansión de la base de Patrick agravan las sospechas de la población sobre la presencia de armas nucleares en la región, aunque la base de Sabana de la Mar siga siendo, técnicamente, solo un centro de rastreo. La llegada de la crisis de los misiles en 1962 convierte este rincón del Caribe en un escenario de tensión inmediata.
La crisis de los misiles y la evacuación de la base
El 22 de octubre de 1962, John F. Kennedy anuncia el bloqueo naval de Cuba (llamado “cuarentena”) y se ordena una alta alerta. La base de Sabana de la Mar recibe órdenes de evacuación, quedando solo el personal esencial. La pequeña instalación, que antes vivía entre cohetes y chismes de pueblo, se transforma en un escenario de operaciones de alta seguridad. Durante trece días, el mundo respira en suspenso, pero finalmente se alcanza un acuerdo: los soviéticos desmantelan los misiles en Cuba, y Estados Unidos, como contraparte, retira sus misiles de Turquía e Italia. Como parte de la desnuclearización de la región, Estados Unidos decide no regresar a Sabana de la Mar.
De la base militar a la historia oculta
En noviembre de 1962, la base se devuelve a la República Dominicana. El equipo valioso se retira, pero el edificio principal y el generador de electricidad quedan. Con el tiempo, la antigua estación de rastreo de misiles se convierte en el Hospital Elupina Cordero, aunque su estructura resistente y su diseño de la Guerra Fría siguen siendo visibles. La República Dominicana debe adaptarse a la ausencia de la base de radar, reorganizando el control del tráfico aéreo y la vigilancia meteorológica con ayuda de vecinos y de la creación de nuevas estaciones de radar. A pesar de eso, cohetes de la NASA siguen pasando sobre el Caribe, generando hoy, en ocasiones, avistamientos de lo que muchas personas llaman OVNIs.
Sabana de la Mar: un pequeño pueblo en la gran historia mundial
La historia de la base de Sabana de la Mar es un recordatorio de cómo eventos globales reconfiguran la vida cotidiana en lugares aparentemente marginales. Un pueblito de pescadores se convierte, por unos años, en un punto clave del “ojo” de Estados Unidos hacia el Caribe, de la carrera espacial y de la tensión nuclear. La base nunca fue un símbolo de guerra en sí, sino de monitoreo, de control y de la omnipresencia de la Guerra Fría. Hoy, el lugar solo queda en la memoria de sus habitantes y en los archivos de la historia, como un episodio poco conocido de la República Dominicana en la historia mundial.









