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La Sierra que se Quema: Lo que el Incendio de Bahoruco nos Dice Sobre Nosotros Mismos

Hay un lugar en el sur de la isla que pocas personas conocen. Remoto, de difícil acceso, con una belleza tan salvaje que parece de otro mundo. Desde sus cumbres de más de 2,300 metros, si miras en una dirección, ves el Lago Enriquillo. Si miras en la otra, la bahía de las Águilas.

Ese lugar es la Sierra de Bahoruco. Y esta semana, está en llamas.

No es la primera vez. No será la última. Pero este incendio en particular es diferente, y lo que está pasando ahí dentro debería preocuparnos a todos —aunque nunca hayamos pisado esa sierra en nuestra vida.


Un fuego del tamaño de una ciudad

Desde el 21 de junio, un incendio ha estado consumiendo el sector conocido como El Codo, en el corazón del Parque Nacional Sierra de Bahoruco. Las condiciones de sequía extrema y los vientos fuertes han complicado enormemente los trabajos de control.

¿Cuánto terreno ha afectado? Según una medición realizada por Diario Libre usando la plataforma satelital FIRMS de la NASA, la superficie acumulada de los focos de calor registrados entre el 21 y el 25 de junio alcanzó aproximadamente 7,763 hectáreas —equivalente al área del centro de Santo Domingo, desde el río Haina hasta más allá del Malecón.

Para combatirlo, más de 120 bomberos forestales han sido desplegados en la zona, con apoyo logístico de la Fuerza Aérea Dominicana para el transporte de personal, agua, alimentos e insumos hacia las áreas afectadas. El presidente Abinader autorizó el apoyo total del gobierno. Es un operativo masivo en un terreno que no lo pone fácil.

Al momento de publicar este artículo, el incendio se encuentra controlado en un 70%, con el único frente activo ubicado hacia el norte-noroeste del área impactada. Los bomberos forestales trabajan para cerrar ese último frente y avanzar a la fase de liquidación.

La causa todavía se investiga. Debido a la ubicación remota del área y a las condiciones de sequía presentes en la zona, no se descarta que factores naturales hayan incidido en su origen. Pero como veremos, la historia de los incendios en Bahoruco casi nunca es tan simple.


¿Por qué Bahoruco siempre?

La Sierra de Bahoruco no es solo bonita. Es probablemente el ecosistema más valioso de toda la isla Española. Es el tesoro biológico más importante de la República Dominicana y toda la isla de la Hispaniola, y este incendio se origina justo en la Zona Roja de Incendios Forestales del sistema montañoso.

Esa "Zona Roja" no es metáfora. Es una designación oficial, basada en décadas de datos. Y es también, irónicamente, donde existe una torre de vigilancia construida precisamente para detectar incendios a tiempo.

El problema es que la sierra es seca por naturaleza —recibe menos lluvia que zonas como Valle Nuevo— y eso la hace vulnerable. En los últimos años, el cambio climático ha intensificado las temporadas de sequía, haciendo los bosques aún más inflamables de lo normal. Las temporadas de incendios van de mediados de enero a finales de abril, y de junio a principios de septiembre. Estamos justo en temporada.

Pero el clima explica la intensidad del fuego. No necesariamente el origen.


Lo que encontramos cuando fuimos

Hace unos años, Kiskeya Life fue a la Sierra de Bahoruco con el permiso del entonces ministro Orlando Jorge Mera para documentar los incendios de febrero de 2022 —los más grandes que se habían visto hasta ese momento. Nuestro guía fue Nicolás Corona, en aquel entonces director del parque y uno de los primeros en responder cuando se desata un fuego.

Lo que encontramos fue revelador.

Hay distintos tipos de fuego. Un incendio de baja intensidad, causado por un rayo una vez cada varios años, forma parte del ciclo natural del ecosistema: limpia el suelo, abre la luz, nutre la tierra. Es el fuego que la sierra conoce y del que puede recuperarse.

El problema es cuando los fuegos son frecuentes, de alta intensidad, y provocados por el ser humano, una y otra vez, sin darle tiempo al bosque de regenerarse.

¿Quién los causa? Las respuestas que encontramos en campo fueron estas: agricultores que queman para limpiar terrenos cerca del parque, y el fuego se les va; monteros que descuidan sus fogones; en casos más graves, personas que actúan por venganza o ira. En el incendio de 2022, la hipótesis más manejada fue que fue provocado deliberadamente por una sola persona disgustada.

No es un asunto de nacionalidad ni de nivel social. Es un asunto de indiferencia.


Por qué esto nos afecta a todos

Hay una razón por la que Pedernales vive de la Sierra de Bahoruco, aunque no lo parezca. Los bosques de montaña actúan como esponja: retienen el agua de lluvia, alimentan los acuíferos subterráneos y sostienen el ciclo hídrico del sur del país. Sin esos bosques, no hay agua. Sin agua, no hay futuro turístico para Pedernales ni para ninguna otra apuesta de desarrollo en la región.

Así que cuando la sierra se quema, no es solo una pérdida ambiental abstracta. Es una amenaza directa a la economía que estamos tratando de construir en el sur.

Y hay algo más. El Parque Nacional Sierra de Bahoruco es el principal activo biológico del turismo que comienza a florecer en Pedernales, con potencial de convertirse en el puente perfecto que conecte con la "Hoya del Lago Enriquillo." Estamos apostando millones en infraestructura turística en esa región. Y el ecosistema que hace única esa región se está quemando.


Los que sí están ahí

En medio de toda esta conversación sobre causas, cifras y responsabilidades, hay algo que se pierde fácilmente: las personas que están peleando contra ese fuego en este momento.

Más de ciento veinte bomberos forestales en terreno accidentado, con calor extremo, vientos fuertes, y un fuego que no cede. Personal de Aguas Negras, Puerto Escondido, La Descubierta, San Juan, La Vega, Restauración, Jarabacoa y Pedernales. Hombres y mujeres que salen de madrugada, suben a pie por cumbres de dos mil metros, y arriesgan su vida para proteger un bosque que la mayoría de los dominicanos nunca verá.

Es uno de los trabajos más importantes del país. Y uno de los menos reconocidos.

Cuando fuimos en 2022, al regreso del recorrido, Nicolás y su equipo divisaron humo en la distancia —otro fuego, probablemente de agricultores quemando donde no debían. No pudieron regresar al pueblo. Les dejamos lo que nos quedaba de comida y los vimos seguir.

Eso es lo que hacen, todos los días, en silencio.


Un síntoma, no solo un desastre

Cada incendio forestal cuenta una historia. A veces es sequía y mala suerte. Pero globalmente, se estima que entre el 75% y el 95% de los incendios son causados por el ser humano —ya sea por negligencia, por interés económico, o por algo peor.

En la Sierra de Bahoruco, hemos visto de todo.

Lo que está pasando esta semana es un recordatorio de que el problema no se resuelve solo con más bomberos ni con más helicópteros. Se resuelve también con comunidades que entiendan el valor de lo que tienen al lado, con leyes que se apliquen, y con una cultura colectiva que deje de tratar los parques nacionales como tierra de nadie.

La buena noticia es que el fuego está siendo controlado. Los ecosistemas de la sierra tienen una capacidad de recuperación sorprendente, cuando se les da la oportunidad.

La pregunta es si vamos a seguir dándoles esa oportunidad, o si vamos a seguir quemando sin pensar en lo que perdemos.


¿Quieres aprender más sobre la Sierra de Bahoruco, los incendios forestales en la República Dominicana, y las personas que los combaten? Mira nuestro documental completo en el canal de YouTube Kiskeya Life.

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